Quisiera ahogarme en el desierto de tus arenas
y beber en el oasis de tu boca,
descansar en las dunas de tus pechos
y dormir sin fin en la penumbra de tu sombra.
No importa como seas, ni tus defectos,
porque siempre te diré bajito al oído que eres universal y perfecta.
Belleza sin igual, esbelta y delgada como tus palmeras,
piel dorada como la cálida arena y ojos de color café
como tus maravillosas tardes de primavera.
No puedo obligarte a nada, eres libre como la fina arena
que lleva y trae el viento en su alocado movimiento,
llegarás a mi en el momento preciso en que te sientas desierta,
acudirás a mi porque yo soy el principio y fin que baña de vida tus agitadas tormentas.
Soy el viajero en tus siglos, y tú eres el desierto donde mi camino se torna lento, donde alucino con el paso del tiempo y puedo llegar a morir de sed si no encuentro en ti mi más anhelado oasis.
¿Y hay que ser tan grande como tú, para que puedas enamorarte de mi?,
te has enamorado del cielo azul que cubre tu inmensidad,
pero has descubierto que te abandona en las frías noches,
siempre he estado tu lado, aunque nunca me hayas visto,
he estado allí, me has sentido, te he tocado en silencio
durante toda tu existencia, te he mantenido en secreto para mí
porque yo soy la suave brisa que acaricia tu maravilloso rostro,
que te ha amado y te amará siempre por toda la eternidad.
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