Fueron años pasados. Tú no estabas
al otro extremo de mi sombra vieja.
Yo era mi propia sombra. El infinito
no existe para el hombre. Pero
tú aún no estás al límite del tiempo.
Vivo en mi soledad y en ella habita
lo que ya he conocido tantas veces.
Inútiles los besos,
porque nunca traspasan la cara del espejo.
Y es inútil pensar en los recuerdos
de los años pasados.
Como inútil creer que todo existe.
Enfurecido sino,
que acompañado o solo va llamando
con el puño a mi puerta.
Inútil es el tiempo,
que sólo sirve para hablar de ayer,
por mucho que se inventen tantas cosas. Porque
todo se acaba demasiado pronto.
Y nadie alcanza nunca el infinito.
Sólo quien tiene el tiempo entre las manos, manda.
Pintan el cuerpo con su sombra y marcan
esa corta distancia que separa
la vida de la muerte.
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