Al principio, un rayo fue el toque de queda
para el campo de germen que estaba oculto.
Hubo en la caverna tras la alquimia,
un pequeño recuerdo de sabio inicial.
En el asombramiento de la huella
nació malva el sueño de cada paso.
La noche besó en su saludo al valle
de vértigos como un filo blanco.
El movimiento iluminó con llamas
coloridos prados de ardiente belleza.
(No avisó la sombra de penas
que en relativas glorias se avistaron).
Al principio fue en la inmensidad
donde buscó un cobijo el pálpito.
La música salió de su escondite
surgiendo de las ramas y los ríos.
Al principio fue el universo,
incertidumbre hacia el desdén del mundo.
La huella puso a cada lugar un nombre,
mapas en los montes y rayas en la piel.
Brotó el mito en la tempestad abierta
como espuma de oleajes en las rocas.
Al principio se divisó el fin del suelo.
Se vio al viento acariciar precipicios
hacia la llanura del mar.
Al amancer volvió a reinar la sensación
incierta de nacer.
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