Los cajones cerrados desbordan en sí mismos
de espacios vacíos, de sueños atrapados.
Y es jaula infinita de los múltiples caminos,
el insondable mueble por Dédalos creado.
Quién es el que allí habita oculto en mis ropas,
tejiendo fantasías con la insustancial materia
de la que están hechas las más antiguas horas,
los primigenios reflejos, los deleites y miserias.
Se suceden las habitaciones al compás etéreo
de la música olvidada de violines eternos.
Tesoro en sus entrañas; la áurea fascinación.
Ataúdes de roble con cadavéricos recuerdos,
abrigando desgarradas marionetas del deseo,
ocultan más monstruos que mi imaginación.
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