Plasmaste mi ser en la tela;
lacraste en óleo mis pisadas;
cincelaste en piedra mi reflejo.
Tus manos me amaron
como manos de ciego;
en talla volcaron la piel aprendida.
Habité en tu musa, y ella ha parido
una Venus sin brazos
(perfecta transmutación, acaso,
de mi sino en tu vida
y en tus manos mi suerte),
perfecta… pero inerte.
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